viernes, 20 de noviembre de 2009

El plan E y sus consecuencias.

Mi abuelo me contó una vez una anécdota que, tristemente, entendiendo como anecdótico aquello que es inusual, en justicia no debería ser calificado como anécdota, pero mi abuelo, en su inocencia, ese bien pensar que cada vez nos cuesta más practicar, consideraba el hecho como anecdótico.
Ya hace unos cuantos años, estaban construyendo unas aceras frente a su casa, un único trabajador se afanaba en poner baldosas, mi abuelo, se quedó observando como las colocaba y le dijo, si las colocas así, en poco tiempo se levantarán y va a haber que repararlas.
El operario siguió como si no hubiese oído nada.
Pocos meses después la acera, tal como predijo mi abuelo, se había deteriorado, y estaba de nuevo el operario colocándola de la misma manera que la primera vez.
Mi abuelo le dijo; "Ve usted, tal como le dije se ha deteriorado, si la coloca usted así, se va a volver a deteriorar en breve"
El operario respondió: "Ya sé que no es la forma correcta de ponerla, pero si la coloco bien, ya no tendría que volver y me quedaría sin nada que hacer."
 
Esto, tristemente es el proceder habitual de prácticamente todas las contratas que trabajan para los ayuntamientos (de momento no conozco excepción a la regla, si bien tampoco conozco todas las contratas que existen, lo que observo es que las cosas poco duran "arregladas" sea donde sea, da lo mismo una acera que una autopista, siempre que se hace algo en España con dinero público, ese del que muchos opinan que es infinito y además no es de nadie, caduca como máximo un año antes de las siguientes elecciones.
 
Luego ocurre que en cada ayuntamiento hay una empresa que se lleva la mayor parte de la obra pública, ojo, esto no ha de indicar que exista trato de favor o corrupción, ya que casi por lógica matemática, una empresa que se lleva gran parte de los contratos, si no era ya grande acaba haciéndose grande, y cuanto más grande, más facil le resulta ajustar márgenes de beneficio en detrimento de otras empresas que no se pueden permitir esos esfuerzos.
 
Con el plan E, hemos visto nuestras calles llenarse de zanjas, para dar empleo temporal (con esa voluntad, de que fuese temporal) a unos cuantos trabajadores, cientos, miles...
 
Pero ese plan E (más bien plan I de improvisado) pudo haber sido una buena medida de estímulo si tan sólo se hubiesen sentado una semana a reflexionar sobre como plantearlo, en lugar de, casi en un visto y no visto, destinar una cantidad aleatoria (por improvisada) de fondos públicos, y pedir a los ayuntamientos que en el irrisorio plazo de un mes, presentasen todos los presupuestos de las propuestas de acciones a que iban a destinar los fondos que les corresponderían. 
 
Las consecuencias de estas medidas precipitadas y poco meditadas pronto se dejaron ver:
 
- Algunos ayuntamientos tenían destinadas partidas presupuestarias que apenas daban para costear el cartel publicitario obligatorio de dimensiones estandar, la misma pompa y el mismo gasto para anunciar una obra de gran presupuesto, que una obra en la que la colocación del cartel y el mismo cartel llegaban a suponer un 50% del total adjudicado al ayuntamiento.
 
- Ante la obligatoriedad de destinar los fondos a operaciones no incluidas en los presupuestos anuales del ayuntamiento, y dada la premura de plazos, los ayuntamientos se vieron obligados a "sacarse de la manga" literalmente proyectos y presupuestos, que en algunos casos llegaban al surrealismo, proyectándose obras tan vanas como innecesarias ante la premura de gastar lo asignado en lo que fuese.
 
- En algunas zonas (muchas) se utilizó el dinero del plan E para hacer un lavado de cara a las calles, para lo cual calles enteras se levantaban sin miramientos de punta a punta, sin un plan trazado que permitiese que los comercios y habitantes de la zona pudiesen continuar con su actividad sin grandes perjuicios, dando como resultado gente que no podía acceder a sus garajes, comercios a los que no podían acceder los clientes, con las consiguientes pérdidas que eso supone a los pequeños comerciantes, ¿y todo para que? ¿Para dar un trabajo temporal y mal remunerado a cuatro parados?
 
Eso no es una medida de lucha contra la crisis, es un mal parche. 
 
Una medida contra la crisis sería destinar ese dinero a que los ayuntamientos saldaran sus deudas, y adjudicaran obras pendientes por falta de financiación.
Una medida contra la crisis sería incentivar la investigación, premiar la innovación, la productividad, aunque fuese mediante rebajas fiscales, a quien aumente su productividad un 20% (sin que sea a costa de reducir sueldos a los trabajadores) se le reduce un tanto lo que paga de impuestos, como premio, de forma que si una empresa que ganaba 100 (por los que pagaba de impuestos 50) si consigue llegar a 120  que pague sólo 55 en lugar de los 60 que le corresponderían.
 
Ya hace mucho tiempo que existe el dicho.... no le des un pez, enséñale a pescar.
Pues eso, no des limosnas, enséñales a ganar dinero.